Ida
La
historia dramática de una mujer, Anna (Agata Trzebuchowska) quién en realidad
se llama Ida Lebenstein y es judía, esto revelado por su tía Wanda Gruz (Agata
Kulesza) en una noche de borrachera, su tía es una antigua funcionaría del
partido comunista, donde baja de rango por su conducta completamente irregular.
Cuando sale a la luz el verdadero nombre de Anna, ahora llamada Ida se van a
través de las carreteras polacas en un viaje, donde la joven pretende encontrar
la identidad de sus padres y la suya, antes de recibir los votos, ya que Ida
piensa que su vocación es el de ser monja, por la convicción religiosa tan
intensa que tomó del convento donde fue abandonada desde que era un bebé.
Un
largometraje del polaco Pawel Pawlikowski, como su quinta película dirigida,
donde fue muy afamado por las nominaciones de la película y sus premiaciones
por la Academiade Hollywood.
Una
película donde la fe, es un tema de suma importancia, donde se muestra a la fe
como una de las cosas más fuertes y poderosas y no solamente en el sentido
meramente religioso, si no en todo el entorno político en el que vive Ida.
Existen choque sobre diferentes creencias y costumbres, en cuestión a la
religión Judía y la Católica, entre el resentimiento de personas que sufrieron
por la Segunda Guerra Mundial y los que nacieron cuando ya se sentía un poco de
paz y calma relativas, se ven reflejadas en los dos personajes principales, Ida
y su Tía Wanda, ellas están en una búsqueda inalcanzable de reencontrarse, de
encontrar una identidad.
Un
conflicto completamente personal en cada una de ellas, que aunque totalmente
distintas, se apoyan complementándose impredeciblemente para comprender sus
diferentes puntos de vista, su concepciones de la vida misma, donde
curiosamente la más enfrascada en vicios y diversión mundana es Wanda la tía y
no la Joven y puritana Ida.
Pawel
supo como crear una narrativa fácil y fluida en únicamente ochenta minutos,
donde ni sobra ni falta, completamente eficiente.
La
fotografía de Lucaz Zal Y Riszard Lecewski, dentro del largometraje es muy
buena, y su tonalidad en blanco y negro, brinda la espectacularidad que
requiere para embellecerla, darle identidad, la coherencia que tan necesaria es
y más de la frialdad, que además, ya tiene impresa con la historia y la que
reflejan sus dos maravillosos personajes principales, que actúan de maravilla.
Una película que quizás no cualquiera podría digerir con la misma facilidad que las personas que cuentan con el
adecuado estado anímico, para que la película llegue a atraparlos.
Como
sabemos la música es uno de los elementos imprescindibles dentro del cine, y
el filme id tuvo un estupenda
musicalización, insertando con la misma el mismo misterio y sigilo que tiene en
sus escenas y donde encajan completamente las composiciones de Kristian Eidnes
Andersen y la Sinfonía 41 de Mozart, ejecutada por Bruno Walter.
Uno
de los datos curiosos sobre este estupendo largometraje es que, compite en la 87 edición de los premios Óscar
como mejor película extranjera, al lado de Leviathan (Zvyagintsev, 2014),
Tangerines (Urushadze, 2013), Timbuktu (Sissako, 2014) y Relatos Salvajes
(Szifrón, 2014). Y fue ganadora del Oscar, nominada por la mejor película
extranjera, por los Premios de la Academia de Hollywood en el 2015.
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